Los nuevos caudillos

Si más del 9 por ciento del PIB nacional es generado por el narcotráfico, algo está pasando con la noción de poder en México.
Llegamos a nuestro funesto Bicentenario con héroes fake que luchan entre sí y exigen el control del país. Se trata de los cárteles de la droga, sus cabezas estratégicas y sus adeptos armados, quienes ejercen el control financiero y a veces el político en varias regiones de la República. Ellos, los que se manejan como quieren en prisiones, o ni siquiera llegan a ellas. Los que levantan negocios de costa a costa. Lo que ya están instalados como casta privilegiada en el subconsciente de la nación.
Durante las últimas décadas y particularmente en este sexenio, el poderoso narcotraficante se ha convertido en un mito, por lo tanto es inalcanzable, por lo tanto es héroe. Y a los héroes, cualquiera que sea su procedencia y objetivos, se les adula o se les sigue. Se les teme. Aquí, el impacto de esta clase selecta de personajes ha derivado también en nuevos objetos socioculturales: Hummers, artículos bling, cuernos de chivo, líneas de cocaína y corridos norteños.
El nuevo caudillismo incluso tiene relevancia internacional. ¿No se convirtió de facto en un héroe Joaquín “El Chapo” Guzmán cuando su rostro apareció en la lista de millonarios de la revista Forbes?
No obstante, estos nuevos caudillos no buscan justicia o democracia. A diferencia de los ejércitos que se enfrentaron a la dictadura de Porfirio Díaz o a la corona española 100 años antes, no piden tierra y libertad, sino pacas de dólares y extorsión. No exigen independencia y eliminación de castas sociales, sino dependencia (a la droga) y presidentes municipales obligados a colaborar con su ciclo de producción y venta de estupefacientes.
Hace unos meses el director de la consultora Kroll México, David Robillard, aseguró que el narco deja una derrama de entre 25 y 40 mil millones de dólares al año. Que unos 2 mil empresarios han tenido que abandonar el país desde el 2008. Y que hay estados, como Chihuahua y Tamaulipas, en donde amplios sectores del poder oficial son reemplazados con la presión de las balas.
El exilio es una posibilidad para escapar a la serpiente armada. En Internet es fácil encontrar enlaces patrocinados con la siguiente promesa: “¿El narco te amenaza? Refúgiate en Canadá y escapa de la violencia. Es rápido y seguro”. En el fondo lo que sucede es que si el héroe llega a pedirte un favor, la consecuencia es simple: cómprame o te mato.
El discurso de la pretendida guerra contra el narcotráfico, que ha sido el distintivo de la gestión del presidente Felipe Calderón, ha contribuido a formar una metáfora de batalla. Tanto, que la reina de Jordania y pareja de Carlos Slim, Noor Al-Hussein, aseveró a inicios de febrero que lo que México necesita es un “levantamiento de la sociedad civil” para vencer al crimen organizado.
En lo cercano, el impacto de los nuevos caudillos es mucho más grave que las grandes cifras. El problema ya es personal y llega a la vida cotidiana de los mexicanos. Nuestra tragedia es que la historia de los caudillos se hace común.
Hace unas semanas salí a tomar aire fresco a la calle durante una comida en casa de unos amigos. En la banqueta de aquella colonia, dos niños de unos seis años jugaban, entre polvo y canicas. Uno de ellos me miró a los ojos y dijo sin temor: “¿Saliste a comer cocaína?”. Yo no supe qué contestar.


